Los protagonistas fueron Frank Lee Morris y los hermanos John y Clarence Anglin, que eran ladrones de bancos. Los dos presos trabajaban en el taller artÃstico de la isla y eran muy hábiles pintores. Además de sustituir con unos cartones pintados las rejas de los conductos de ventilación por donde se fugaron, aquellos artistas fabricaron tres cabezas de pasta, les dieron color y les pusieron cabello auténtico, recogido de la barberÃa de Alcatraz. Las cabezas, colocadas en sus respectivas camas, daban la impresión de que seguÃan en las mismas cuando se efectuaron los recuentos. En el curso de esta evasión , los presos sacaron partido de una serie de errores, descuidos y torpezas de los guardianes y consta que llegaron hasta el mar.
DÃas después, en el otro lado de la bahÃa, se encontró una cartera con fotos familiares que se relacionó con uno de los fugitivos. Nada más se ha sabido luego de ellos.
Esta fotografÃa la saqué cuando visité la isla y la verdad, sorprende pensar que los guardias de aquella época no notaron la diferencia con una cabeza real. Supongo que hacÃan las rondas demasiado rápido, aunque, pensándolo mejor, la poca luz que habrÃa (ahora en la foto está iluminada porque la celda está totalmente iluminada), las ganas de irse con los otros guardias a echar una partida de cartas, y (también hay que decirlo) lo bien que está hecha, pueden dar el pego.