[su_wiloke_sc_company_website]Continuamos la historia que aquí empezó…
Y el ahogo de mi voz ronca. La puerta cerrada, atrancada, tirada la llave de mi libertad por la alcantarilla de la desesperanza. Golpeando la muralla que me dejaba encerrada torné mi alma de vuelta al pasillo blanco, mirando con ojos inexpresivos a mi sombra ahora carne, que lloraba.
Angustia en un caliz es lo que me brindaba aquella situación. Encerrada.
Sin embargo, sentí mis alas invisibles transformarse en acero y de mi interior nació la voluntad para ser el ángel que siempre fui. Por eso, en aquel páramo donde me encontraba, lleno de almas desgarradas, mi cometido era el de naufragar su soledad.
La sombra de piel y hueso me pidió que esperara, corriendo hacia más allá del pasillo en busca de una llave para nuestra salida.
Pero no quise esperar.
Arrastré mi cuerpo hacia uno de los laterales. Con dolor intenso, de dentro del vientre, donde nace la melancolía y muere la vida, me deslizo hacia delante escuchando una voz tenue que canta plegarias más allá del muro y la puerta que la encierra.
Su nombre era Gabriel. Él también fue un ángel, sin duda, de una mitad demonio y otra ángel. Atados sus ojos gobernaba la justicia con palabras sabias de medio loco, que arrancaban la sonrisa de los llamados cuerdos.
La vida, me explicó, era un encerramiento continuo que creias controlado mas nunca puede ser entendido. Si te aferras a que tiene algún sentido, pierdes la continuidad del tiempo y abres la puerta al hacinamiento.
Me dijo que él una vez pudo volar. Con sus alas desatadas brincaba en la tierra de los mortales para hacerles entender que no tenía ningún sentido sonreir, porque vendría alguien que golpearía tu felicidad. Que no había sentido en trabajar, reir, llorar, que todo era inhumano. Que simplemente había que pensar, incluso a veces ni eso.
Tirarte en el suelo, patalear contra tu propia existencia, planteándote el suicidio como escapatorio voluntaria de una vida involuntaria.
No en vano..quien nos había tirado en este mundo?
Yo le dije que quizás hubiera un Dios verdadero que trataba de decirnos algo allá arriba, sentado entre sus nubes, dispuesto a darnos la mano para hacernos comprender lo incomprensible.
Él se rió. Una carcajada rebotada entre las paredes de la sala. El coro del eco hizo parecer a la escena mucho más macabra. Me llenó de risa mi mente, absorta de cualquier otro ruido aparente, no dejando atravesar otro sentimiento que el de la soledad.
El de un alma sola que navega en el mundo escupiendo soledad.
Le dejé en su habitáculo, carcajada tras carcajada, para luego echarse a llorar. Profeta del no lamento llorando sin aliento por una vida que no comprende y que nunca lo hará.
La siguiente sala es mucho más reconfortante. En ella, un alma diminuta cree vivir en una eterna felicidad, libertad, agradecimiento grita encerrada en su cueva desierta. Su nombre era Rosa, decrépita, podrida, de un color rojo granate.
Rosa era todo menos flor.
Su lánguido cuerpo yacía en medio de la sala, con una medio sonrisa de satisfacción. Parecía vagar en un mundo que no era éste, estar ensimismada en su burbuja impenetrable, donde no existía el mal, donde no había nada más que ella.
Rasgaba el aire con sus uñas, saludándome en silencio con su mano blanquecina y moribunda.
Rosa me dijo que el mundo no era tan malo como decían. Que era hermoso. Que había sido bueno con ella.
La paradoja parecía golpear la ventana de su habitación en forma de lluvia que le recordaba en truenos que la mentira era un pecado.
Sin embargo, Rosa no gemía. No había dolor ni lamento, simplemente una media sonrisa que le hacía parecer mucho más siniestra de lo que su aspecto parecía.
Era un niña, con cuerpo de mujer adulta, que se negaba a crecer.
Me incliné hacia su muro cerrado, donde ella habitaba. De un salto con medio lamento se dirigió estrepitosamente hacia mi, en busca de una caricia o de un beso. Sus labios negros, podridos, decrépitos, se rozaron con el metal. Pude oirlo, pude verlo por la pequeña ventana de la puerta.
En su desconsolada alegría lloró de tristeza. Anhelaba un beso de un principe que, como en los cuentos, le llevara a una vida mejor.
La paradoja volvió a golpear. Esta vez era la luz de un relámpago, el que daba luz a su supuesta alegría en forma de cuerpo desfallecido, aplastado contra el metal de la puerta, que lamía un poco de realidad en medio de su locura.

Uff, precioso este trocito de cuento Kore. Espero con ansias el tercero (y final).
Y deseo que sigas escribiendo, porfavor.
Saludos.
4 de marzo de 2007amigo mio raziel es el ejecutor del apocalipse por que fallo al eseñarle como vivir a adan fallo y por eso tiene reivindicarse … como el principe del 2º cielo es sabiduria lo poseo es por eso que es sabe el verdadero nobre de dios el es responsable por todo y de todos los secretos divinos…..asi que ensuciar su nombre con cuentos de criptas pecas de ignorante amigo
19 de abril de 2008